Recomendaciones para leer este verano

9 Aug 2016

 

A veces pasa que uno tiene tiempo libre y ganas de leer un buen libro, pero no sabe cuál. Así que se me ha ocurrido reunir cuatro libros de temas muy diferentes y todos estupendos, para leer en la playa, en el monte, o en una noche calurosa de verano.

 

 

 

Crónicas marcianas (Ray Bradbury)

 

Historias de “viajes espaciales, marcianos y mucho más”. Imaginativas, originales, diferentes. Lugares, personajes y situaciones alucinantes.

 

<<Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. El señor K y su mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto, en la misma casa en que habían vivido sus antepasados, y que giraba y seguía el curso del sol, como una flor, desde hacía diez siglos.

El señor K y su mujer no eran viejos. Tenían la tez clara, un poco parda, de casi todos los marcianos; los ojos amarillos y rasgados, las voces suaves y musicales. En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego químico, habían nadado en los canales, cuando corría por ellos el licor verde de las viñas y habían hablado hasta el amanecer, bajo los azules retratos fosforescentes, en la sala de las conversaciones. Ahora no eran felices. Aquella mañana, la señora K, de pie entre las columnas, escuchaba el hervor de las arenas del desierto, que se fundían en una cera amarilla, y parecían fluir hacia el horizonte. Algo iba a suceder. La señora K esperaba. Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier momento pudiera encogerse, contraerse, y arrojar sobre la arena algo resplandeciente y maravilloso. Nada ocurría. Cansada de esperar, avanzó entre las húmedas columnas. Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles, caía suavemente sobre ella y refrescaba el aire abrasador. En estos días calurosos, pasear entre las columnas era como pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro, incesantemente, sin que los dedos se le cansaran jamás de las antiguas canciones. Y deseó en silencio que él volviera a abrazarla y a tocarla, como a una arpa pequeña, pasando tanto tiempo junto a ella como el que ahora dedicaba a sus increíbles libros. Pero no. Meneó la cabeza y se encogió imperceptiblemente de hombros. Los párpados se le cerraron suavemente sobre los ojos amarillos. El matrimonio nos avejenta, nos hace rutinarios, pensó. Se dejó caer en una silla, que se curvó para recibirla, y cerró fuerte y nerviosamente los ojos. Y tuvo el sueño. >>

 

 

Las ciudades invisibles (Italo Calvino)

Evocador y sorprendente. Descripciones cortas (a veces cortísimas) de ciudades, ¡tan bien escritas! que consiguen que uno imagine “cosas imposibles” y se traslade con la mente a lugares fascinantes. “Muy arquitectoso” :D  Un clásico.

 

<<Las ciudades sutiles. 3

Si Armilla es así por incompleta o por haber sido demolida, si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos: no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las cañerías del agua, que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos: una selva de caños que terminan en grifos, duchas, sifones, rebosaderos. Contra el cielo blanquea algún lavabo o bañera u otro artefacto, como frutos tardíos que han quedado colgados de las ramas. Se diría que los fontaneros han terminado su trabajo y se han ido antes de que llegaran los albañiles; o bien que sus instalaciones indestructibles han resistido a una catástrofe, terremoto o corrosión de termitas. Abandonada antes o después de haber sido habitada, no se puede decir que Armilla esté desierta. A cualquier hora, alzando los ojos entre las cañerías, no es raro entrever una o muchas mujeres jóvenes, espigadas, de no mucha estatura, que retozan en las bañeras, se arquean bajo las duchas suspendidas sobre el vacío, hacen abluciones, o se secan, o se perfuman, o se peinan los largos cabellos delante del espejo. En el sol brillan los hilos de agua que se proyectan en abanico desde las duchas, los chorros de los grifos, los surtidores, las salpicaduras, la espuma de las esponjas. La explicación a que he llegado es ésta: de los cursos de agua canalizados en las tuberías de Armilla han quedado dueñas ninfas y náyades. Habituadas a remontar las venas subterráneas, les ha sido fácil avanzar en su nuevo reino acuático, manar de fuentes multiplicadas, encontrar nuevos espejos, nuevos juegos, nuevos modos de gozar del agua. Puede ser que su invasión haya expulsado a los hombres, o puede ser que Armilla haya sido construida por los hombres como un presente votivo para congraciarse con las ninfas ofendidas por la manumisión de las aguas. En todo caso, ahora parecen contentas esas mujercitas: por la mañana se las oye cantar. >>

 

 

Experiencias en la frontera (Paloma Navarrete)

 

Libro interesantísimo y muy divertido, que descoloca :D desde el principio, donde Paloma Navarrete cuenta (con la naturalidad y el salero que la caracterizan) sus experiencias con “el otro lado”.

Siempre me han dado mucho miedo las “historias de espíritus y demás”, pero este libro va de otra cosa: es una oportunidad para abrir la mente a la posibilidad de que existan otras realidades que normalmente no percibimos.

 

<<Mi abuela materna vivía en casa de mis padres, era la matriarca de la familia, y como en aquellos años todavía se estilaba ir de visita, en casa había siempre un trasiego de familiares que vivían en Madrid y de los que venían de Galicia continuamente. Las visitas recibidas había que devolverlas, y la abuela nunca se saltaba el protocolo.

  -Palomita, esta tarde vamos a visitar a tante Eugenie.

Era la viuda de uno de sus hermanos y la que más me gustaba. Tante Eugenie era una francesa guapísima y, a pesar de sus años, todavía lo era. Para que no me aburriera demasiado, y ahora pienso que para que no me enterara de sus cotilleos, me dejaba entrar en su boudoir, como ella llamaba a su tocador, y jugar con sus coloretes y demás artilugios de belleza. Además, me dejaba probarme sus sombreros. La habitación olía a polvos de arroz y perfume francés. Había armarios con grandes espejos y una colección de sombrereras perfectamente ordenadas que hacían mis delicias.

La aventura empezaba con la elección de un sombrero, del cual dependía todo lo demás; podía ser un sombrero para ir de compras o para ir a tomar el té con una amiga o una fiesta maravillosa. El espectáculo estaba servido. El paso siguiente era ponerme el colorete, pintarme los labios con una pomada rosa que olía a flores y, por último, ponerme perdida de polvos de arroz con una borla de plumón que era una joya. Una vez montado el escenario tan sólo tenía que cerrar los ojos y se producía la transformación: ahí estaba tante Eugenie con ese mismo sombrero, vestida con un traje de mañana, paseando por una calle. Iba de compras, entraba en una tienda, se probaba unos guantes, la tienda era preciosa, no era como las de Madrid, a lo mejor era París, ella hablaba francés con un dependiente muy bien vestido y muy repeinado. Cuando me aburría de las compras me ponía otro sombrero y la escena cambiaba. Tante Eugenie estaba en un salón de té con una amiga instaladas en una mesa poblada de platitos con pastas y dulces. Hablaban y reían. Tante Eugenie era más guapa que su amiga y llevaba un vestido más bonito. Si me ponía algún tocado de plumas muy sofisticado ella iba vestida de noche al teatro o a alguna fiesta. Estaba frente a un edificio muy iluminado, alrededor había mucha gente también vestida de gala que se encaminaba hacia la puerta, a su lado iba un señor con un gran bigote que en vez de abrigo llevaba una capa.  Eran imágenes clarísimas, podía ver detalles, como un broche en la solapa de un traje de chaqueta, el dibujo de un encaje, el color de sus vestidos. Así pasaba la tarde. El sombrero era el hilo conductor de mis visiones.

Cuando terminaba la visita la abuela me limpiaba la cara con su pañuelo, pedía disculpas por el desorden que yo había originado y se iniciaban las despedidas. Ahí era cuando aprovechaba para preguntar:

  -Tante Eugenie, ¿todavía tienes ese broche tan bonito que es un lagarto y que llevabas con un traje verde?

  -Pero, ma petite, tú no conoces ese broche, lo perdí hace muchos años. ¿Dónde lo has visto?

  -¿Y el señor que iba contigo al teatro, por qué llevaba una capa?

  -El señor era tu tío Perico, mi marido -respondía ella muy sorprendida-. Tenía una capa española preciosa y le encantaba lucirla. Pero ¿tú cómo lo sabes si no lo has conocido?

  -No sé, bueno, lo he imaginado.

  La abuela intervenía enseguida.

  -No hagas caso a esta niña, Eugenie, tiene una imaginación calenturienta, es Antoñita la Fantástica. Anda, vámonos -me decía-. que ya es muy tarde.

Y nos íbamos, pero yo sabía que no me había inventado nada, que lo que había visto era tan real como la vida misma. >>

 

 

El Elemento (Ken Robinson)

 

Es uno de esos libros que te transmiten la sensación de que uno puede hacer lo que se proponga. Y más todavía: que debe hacerlo. Historias de personas “normales” que se atrevieron a hacer aquello que les apasiona.

 

<<Este libro contiene una amplia muestra de historias que cuentan las trayectorias creativas de personas muy diferentes. Muchas de ellas fueron entrevistadas especialmente para él. Estas personas explican cómo reconocieron sus talentos únicos y lo bien que se ganan la vida haciendo aquello que les apasiona. Lo sorprendente es que a menudo sus trayectorias no son lineales. Están llenas de imprevistos, giros y sorpresas. A menudo, las personas a las que entrevisté para este libro dijeron que en nuestras conversaciones salían ideas y experiencias de las que nunca habían hablado con nadie de esta manera. El momento del reconocimiento. La evolución de sus talentos. El estímulo o los obstáculos de la familia, los amigos y los profesores. Aquello que les hizo seguir adelante y enfrentarse a las dificultades.

 

Sin embargo, sus historias no son un cuento de hadas. Todas esas personas han tenido una vida complicada y llena de retos. Sus trayectorias personales no han sido fáciles ni sencillas, han sufrido fracasos y han celebrado éxitos. Ninguna tiene una vida "perfecta". Pero todas experimentan regularmente momentos que parecen perfectos. A menudo sus historias son fascinantes.

 

Pero en realidad este libro no trata de ellas. Trata de ti.

 

Mi objetivo al escribirlo es ofrecer una visión amplia de la habilidad y la creatividad humanas y de los beneficios que supone conectar correctamente  con nuestros talentos e inclinaciones individuales.

Este libro trata de temas que tienen una importancia fundamental en nuestra vida y en la vida de nuestros hijos, de nuestros alumnos y de las personas con las que trabajamos. Utilizo el término “Elemento”

para el lugar donde convergen las cosas que nos gusta hacer y las cosas que se nos dan especialmente bien. Creo que es imprescindible que cada uno de nosostros encuentre su propio Elemento, no sólo porque nos sentiremos más realizados, sino porque a medida que el mundo evoluciona, el futuro de nuestras comunidades e instituciones dependerá de ello.

 

El mundo nunca había cambiado tan rápido como ahora. Nuestra mayor esperanza de cara al futuro es desarrollar un nuevo paradigma de la capacidad para llegar a una nueva dimensión de la existencia humana. Necesitamos propagar una nueva apreciación de la importancia de cultivar el talento y comprender que éste se expresa de forma diferente en cada individuo. Tenemos que crear marcos -en las escuelas, en los centros de trabajo y en los estamentos públicos- en los que cada persona se sienta inspirada para crecer creativamente. Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tienen la oportunidad de hacer lo necesario para descubrir el Elemento por si mismas y a su modo.

 

Este libro es un homenaje a la impresionante variedad de habilidades y pasiones humanas y a nuestro extraordinario potencial de crecimiento y desarrollo. También pretende analizar las condiciones en que las habilidades humanas florecen o se desvanecen. Trata de cómo podemos comprometernos a fondo con el presente y de la única forma posible de prepararnos para un futuro completamente desconocido.

 

Para sacar el mejor partido de nosotros mismos y, cada uno, de los demás, tenemos que abrazar con urgencia una concepción más rica de las capacidades humanas. Necesitamos abrazar el Elemento. >>

 

 

Aquí se puede ver la entrevista que Eduard Punset  hizo a Ken Robinson en  el programa Redes nº89: Los secretos de la creatividad. ¡Muy interesante!

etiqueta |

Please reload

Please reload